domingo, 9 de mayo de 2010

ENLACE PARA SABER DE EXORCISMO Y DEMONOLOGIA

http://www.fortea.us/spanish/index.htm

El P.Fortea uno de los mas acutalizados y experimentados Demologos y Exorcista
Entra a este link y escucha,lee todo lo que encuentres ahi.

domingo, 2 de mayo de 2010

"La confusión puede ser positiva"


Lo bueno de la confusión es que te abre una ventana para que veas las cosas desde un nuevo punto de vista, como algo diferente. Esta situación puede ser una oportunidad para adoptar un nuevo enfoque sobre las cosas, para conocerte mejor y alcanzar un mejor desarrollo personal.

Hay momentos en los cuales nos sentimos confundidos, y no sabemos qué hacer, qué acciones realizar para continuar avanzando en nuestra vida. Déjame decirte que el estado mental de confusión es, en realidad, una etapa de más alto nivel de conciencia, que estar convencido de algunas de tus creencias y principios personales.

Actualmente, muchas personas se sienten “atrapadas” en un estado temporal de confusión, lo cual es un síntoma de que están muy cerca de tener la oportunidad de dar un gran paso, hacia delante, en su desarrollo personal. Es decir, que tendrán la posibilidad de llevar una vida más auténtica, de actuar con base en sus objetivos, al mismo tiempo que experimentarán más alegría y menos esfuerzo para tener una vida plena.

La confusión es como la luz roja del semáforo que nos está diciendo ¡detente! ¡Mira! ¡Escucha! Nos informa que hemos llegado a una encrucijada, un lugar donde tendremos que tomar una decisión. Esta decisión puede ser la de avanzar hacia adelante o dar un paso atrás, o también puede ocurrir, como ha sucedido en algunos cruces de ferrocarril, que si te quedas allí detenido podrías ser atropellado.

Lo bueno de la confusión es que te abre una ventana para que veas las cosas desde un nuevo punto de vista, como algo diferente. Esta situación puede ser una oportunidad para adoptar un nuevo enfoque sobre las cosas, para conocerte mejor y alcanzar un mejor desarrollo personal.

Vale la pena mencionar que no tomar una decisión es lo mismo que tomar la decisión de no hacer algo, de dejar que las cosas sigan igual que como estaban anteriormente. El problema con esta “decisión” de no tomar alguna decisión, es que si tú lo haces así, el universo te responderá dejándote las sobras. Como no estás reclamando algo positivo, el entorno decide por ti aportándote lo que dejen los demás, y eso es todo.

Ahora comentaremos algunas propuestas para enfrentar la confusión. Antes que otra cosa, entendamos que la confusión es algo bueno. Es un impulso para movernos desde donde estamos hacia un mejor lugar, donde estaremos mejor, con mayor alegría y menor lucha ante los estímulos externos e internos.

Tómate algún tiempo para hacerte algunas preguntas básicas, que te permitirán superar la confusión y tener un mejor entendimiento de quién eres tú y cuál es tu propósito en la vida. Cabe mencionar que ¿por qué yo o por qué a mi? no son buenas preguntas para empezar un análisis serio al respecto. Sería mucho mejor preguntarnos ¿cómo es que llegué aquí?, o ¿qué decisiones tomé para estar en esta situación?

Las preguntas bien planteadas producirán respuestas de gran utilidad, muy valiosas para lograr nuestros propósitos. Estas preguntas profundas deben contener los siguientes elementos. Deben estar enfocadas en las posibles soluciones o en los resultados buscados, no en el problema. Por ejemplo. “¿qué acciones debo realizar para obtener paz y armonía en esta situación?”. Un ejemplo de una pegunta orientada hacia el problema y no la solución, en este caso, sería: “¿de quién es la culpa de esto y cuál sería el mejor castigo para esa persona?”.

Las preguntas de calidad casi siempre empiezan con “qué” o “cómo” y están basadas en la búsqueda de un resultado favorable, al contrario de las preguntas que empiezan con ¿por qué? que están orientadas a revisar lo que estuvo mal y a tratar de evitar que no se repita esta situación. Esto se parece a cerrar el establo después de que se robaron el caballo, o a llorar porque se tiró el vaso de leche, por mencionar algunos ejemplos muy conocidos.

Estas preguntas se generan con la certeza de que recibiremos las respuestas, en términos generales, de la mejor manera posible, incluso en formas muy agradables y sorpresivas. Estas respuestas llegarán de toda clase de fuentes, una canción en la radio, un anuncio espectacular, el comentario de algún amigo o conocido, un sueño, una visión repentina, etc.

Tienes que dedicarle un espacio libre de distracciones para poder identificar estas respuestas, cuando lleguen a tu vida. Esto puede ocurrir cuando vas caminando calladamente, o cuando manejas tu auto con el radio apagado, cuando estás comiendo a solas, en un rincón de la cafetería, o en medio de un agradable baño en la tina. Así es como suceden a veces las cosas. Si le manifiestas al universo tu intención de crear un lugar o un espacio para recibir las respuestas, éste pondrá a tu alcance varias opciones.

Lo mejor sobre la confusión es su capacidad para crear un impulso hacia adelante en tu vida. El peligro radica en la posibilidad de que te atores en la confusión y no puedas captar la oportunidad que se presenta para tu desarrollo personal. Si no logras abrir tu mente para ver las cosas desde una nueva perspectiva, podrías empezar a caminar en círculos, sin avanzar, hasta que se presente una nueva llamada de atención o de alarma, para que vuelvas a considerar el asunto y decidas tomar alguna decisión al respecto.

Mientras más grave sea esta llamada de alerta, mayor será el sufrimiento que tendrás que enfrentar. Es mucho menos doloroso enfocar nuestra atención en una etapa temprana de la confusión. Te invito a reflexionar sobre estas recomendaciones y a ponerlas en práctica. Te aseguro que la confusión y la bruma se disiparán, y pronto podrás continuar avanzando en el camino de la felicidad.

"Es importante cuestionarnos sobre todas las cosas"
Albert Einstein
César Hernández Espejo. http://www.organizateya.com/



miércoles, 28 de abril de 2010

PARA QUIEN MERECE TODO POR SER TRASCENDENTE


UNA FORMA DE HONRAR AL QUE HA CAMBIADO A LA HUMANIDAD POR SU ESTILO DE VIDA TAN "SUI GENERIS" Y NO TANTO POR RELIGION O INSTITUCION RELIGIOSA..SINO POR SER EL QUE ES: EL SEÑOR DEL UNIVERSO. TE INVITO A QUE VEAS ESTOS VIDEOS SIN PREJUICIOS SINO CON UN ESPIRITU ECUMENICO Y ABIERTO DEJATE BENDECIR .



viernes, 26 de marzo de 2010

La felicidad como proyecto de vida

La felicidad como proyecto de vida

La felicidad consiste en ilusión. Es apasionante bucear en la historia de esta palabra. Si hacemos una excursión a lo que ella ha ido significando a lo largo del tiempo, descubrimos lo que se hospeda en su interior. Está presente en todas las lenguas románicas. Procede del latín lúdere, que significa jugar; también de ilúdere: divertirse, hacer bromas, tener ocurrencias. Hay en ellas dos una intención entre jocosa y de engaño. En el Diccionario de autoridades, del siglo XVIII, hay tres voces próximas: iluso: el que se deja engañar; ilusor: el que falsea; e ilusorio: el contenido de aquello que engaña. Como psiquiatra quiero traer a colación la voz iludere: jugar con engaño… de ahí el término ilusionista o el que hace juego de manos y divierte con sus estratagemas.

A lo largo del tiempo, esta palabra ha tenido mala prensa. De ella derivaron expresiones como hacerse ilusiones, de ilusión también se vive, es un iluso: no vive con los pies en la tierra y otras similares de efecto negativo y burlón. La primera noción positiva de esta palabra la encontramos en el Diccionario de uso del español de María Moliner (1977), en el que se recoge la idea de la esperanza de alcanzar algo especial. Pero no es hasta 1982 cuando la Real Academia de la Lengua en el Diccionario de la lengua española, nos encontramos con esta acepción: «Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo. Viva complacencia en una persona, cosa o tarea».

Julián Marías le dedicó un ensayo a este tema: Breve tratado de la ilusión, en el que la sitúa como aquello que mueve nuestra condición y le da un carácter proyectivo. En cualquier caso, la mirada que esta palabra nos ofrece es muy positiva en la actualidad.

La ilusión no es el contenido de la felicidad, pero sí su envoltorio. Tener ilusiones es vivir hacia delante, mirando hacia el porvenir y, en consecuencia, tener metas, retos, objetivos y planes por cumplir. Vivimos en el presente, sí, pero empapados de un futuro que se cuela dentro de nosotros y nos empuja a seguir hacia delante. Tener ilusiones es estar vivo y coleando. Como dice Don Quijote, «la felicidad no está en la posada, sino en medio del camino». Nunca puede ser entendida como un destino, un lugar a donde uno llega y se instala y se queda allí ya de por vida.

La vida da muchas vueltas. Ha visto uno caer torres muy altas. La mejor de las vidas está envuelta de sinsabores, heridas, dificultades, cosas que se han torcido y han seguido un derrotero inesperado para nosotros y nos han obligado a reconducir nuestra travesía de otro modo. Si la vida es la gran maestra, el tiempo es su gran escultor.

Los psiquiatras sabemos que los depresivos viven especialmente hacia atrás, atrapados en el pasado negativo, sin poder zambullirse de él. Las personas psicológicamente sanas viven en el presente, pero inmersas en un futuro inmediato y mediato, próximo y lejano. Ese porvenir es el tirón que empuja a seguir luchando por sacar lo mejor de uno mismo.

Hoy, para mucha gente la felicidad ha quedado reducida a tres cosas: bienestar, nivel de vida y seguridad. Cada una de ellas tiene su propio perímetro. El bienestar por sí mismo no da la felicidad: tener lo suficiente es una rampa de salida, positiva, adecuada, pero ahí no está la clave. El nivel de vida tiene un valor indudable, pero es mucha la gente que con esta premisa cubierta no es feliz. La seguridad en la existencia humana siempre es relativa y uno está a merced de los vientos exteriores que pueden cambiar las condiciones personales y un golpe negativo de fortuna le da un vuelco a la vida propia, en cuestión de horas.

¿En qué consiste entonces la felicidad? ¿Donde está la piedra filosofal para encontrar el camino adecuado? En hacer algo que merezca la pena con la propia vida, algo grande y positivo, de acuerdo con las posibilidades de cada uno. En una palabra: una vida lograda; sacarle el máximo partido estrujando sus principales argumentos.

La ilusión constituye la dimensión esencial del porvenir. Nos pasamos la vida pensando en el día de mañana. Esa es la vertiente más fértil de la existencia. Vivir es adelantarse, proyectarse, desvivirse, paladear la sinfonía de sabores que la habitan en la vida como proyecto… Trazar una cartografía de objetivos a corto y largo plazo. Pero teniendo claro que los tres grandes asuntos que atraviesan la biografía están impregnados de amor, trabajo y cultura. Esa trilogía esencial que, como un ritornelo, recorre la existencia por caminos unas veces claros y otras serpenteantes, adentrándose en los entresijos de todo el ser humano. Tríptico deslizante que, como un río caudaloso, va regando las distintas parcelas de la geografía personal.

La ilusión de llegar a ser uno mismo. Tarea de artesanía, luchando a brazo partido por superar las mil y una dificultades que inevitablemente asomarán, aquí y allá, en esos avatares que irán incidiendo sobre ella. Un buen lema es: luchar por aspirar a lo excelente. Pretender lo mejor. Buscar valores que le den calidad a la vida, en medio de una sociedad como en la que estamos inmersos: repleta de avances científicos, con grandes progresos, pero que en lo humano se ha ido deteriorando de forma notarial.

Son tantas las vidas desorientadas que vemos en la actualidad, muchas vacías de verdaderos contenidos y otras perdidas. Hay pocas vidas ejemplares que sean mostradas en los medios de comunicación. Por el contrario, se ha multiplicado la exposición de vidas de famosos (no de personas con prestigio, que eso es otra cosa) siempre que estén rotas, partidas, troceadas. Pensemos en los programas basura de tantas televisiones: mucha gente toma esto como un pasatiempo, y se han multiplicado los medios para rebajar el nivel hasta puntos mínimos.

Por el contrario, la felicidad como proyecto significa tener un horizonte de metas y temas por los que uno lucha con tesón, con el alma, con la cabeza, aspirando a lo mejor

Para que el proyecto personal sea positivo debe tener las siguientes características:

1º) Que sea coherente y realista. Es decir, que haya el menor número de contradicciones posibles dentro de ella y se asiente en la realidad.

2º) Amor y trabajo conjugan el verbo ser feliz; amar el trabajo y trabajar con amor.

3º) Capacidad para superar las adversidades, derrotas y frustraciones de la vida. La existencia humana es como un tapiz, precioso por fuera, pero que cuando por curiosidad uno lo mira por detrás descubre que está lleno de zurcidos, de rotos que se han enmendado y de rajones que han sido subsanados. Por tanto, la capacidad para superar las heridas, significa buena salud mental

4º) Es conveniente tener preparado una especie de manual de emergencia para enderezar el rumbo cuando éste se ha salido de los carriles previstos. La vida es abierta y provisional. Pero tiene siempre un fondo dramático, nos puede pasar cualquier cosa y la seguridad absoluta es una moneda de escasa circulación.

5º) La amistad es una de las grandes acompañantes de la vida. Es el plato fuerte en el banquete de la existencia, pero también es siempre un riesgo, ya que dejar que los demás nos conozcan implica abrir la ciudadela interior y dejar que pasen y contemplen de cerca lo que realmente somos .

En la escala de las intensidades de los amigos, alcanzar una buena puntuación nos asegura complicidad, confidencia, intimidad, capacidad para desahogarnos en los momentos malos y buscar el apoyo y el refugio en el otro.

6º) La convivencia es un arte. La vida diaria sigue siendo la gran cuestión. Convivir es ceder, respetar al otro, pedir perdón y ser perdonado, y evitar el roce y la fricción que entorpece y desalienta. En la convivencia diaria uno se retrata; de ahí la importancia de cuidar los pequeños detalles del día a día, para hacerla amable y positiva.

El mapa de la felicidad se dibuja a base de valles y colinas, y de ríos caudalosos y de pequeños riachuelos que alimentan la tierra y le dan vigor y frescura. La felicidad consiste en sacarle el máximo jugo posible a nuestra existencia, en hacer algo que merezca la pena con la vida que uno tiene, cada uno de acuerdo con sus posibilidades y su situación.

Los perdedores, como los triunfadores, no se hacen de un día para otro, sino después de años de dejadez, abandono, desidia e indolencia, o, por el contrario, de tenacidad, de superación de las dificultades y de la capacidad para mirar siempre al horizonte que se dibuja en el porvenir.

La madurez es serenidad y benevolencia. Y tener el agradecimiento a la vuelta de la esquina para ofrecérselo a aquéllos que de una manera u otra nos han ayudado en la travesía. El agradecimiento es la memoria del corazón. Hay que aspirar a una felicidad razonable, ya que la felicidad absoluta no existe; es una quimera, una pretensión vana, una utopía, fuegos de artificio de poca duración. Y una de las puertas de entrada a ella es la coherencia personal; otra, la ilusión.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=7922

miércoles, 3 de marzo de 2010

LA HUMILDAD ES IMPORTANTE PARA TRASCENDER


La humildad es importante. Hoy en día no es un valor cultural elevado, en esta época de celebridades y auto expresión. No obstante, el mundo en el que vivimos puede ayudarnos a comprender mejor lo que es la humildad, al mostrarnos lo que no es. Ustedes podrían, por ejemplo ser famosos y humildes, aunque no obstante, el querer ser famoso podría impedir vuestra humildad. Ustedes podrían ser grandes artistas o bloggers y ser humildes, aunque estas actividades pueden llegar a ser tan absorbentes que puedan llegar a olvidarse quienes son realmente. La humildad es esencialmente auto conocimiento. Es importante, porque saber quienes somos esencialmente, es decir no solo quienes somos ante los ojos de los demás o a través del prisma de nuestro ego- es la condición para conocer a Dios. Solo podemos conocer a Dios por medio de un proceso de desconocimiento –abandonando nuestros intentos de atrapar o medir a Dios-. Estos intentos nos conducen usualmente a los falsos dioses. El desconocimiento (el camino de la meditación) es el “dejar de lado los pensamientos”. Es como desnudarnos.   
Como cuando vamos a un examen médico y se nos dice que debemos quitarnos la ropa. Al principio podemos sentirnos un tanto incómodos o avergonzados, sentados usando un media camisola en un consultorio médico, esperando nuestro turno para ser revisados. El sentirnos un poco tontos es también común en los primeros estadios de la meditación. Permanecer como nos creó Dios, con nuestro traje de nacimiento, eso es meditación. La palabra humildad viene del latín “humus”, que quiere decir “tierra”. En algún momento del día hoy, tómense unos momentos para contemplar fijamente un trozo de tierra natural, en un parque, en una maceta o en una montaña. Especialmente, justo cuando llega la primavera en el hemisferio norte –o con la fecundidad de la tierra en los trópicos- podrán descubrir cuan fértil es la humildad en lo concreto a partir de su ausencia de pretensiones y auto decepción.   Laurence Freeman

miércoles, 24 de febrero de 2010

OPORTUNIDADES ...

Un hombre recibió una noche la visita de un ángel, quien le comunicó que le esperaba un futuro fabuloso: en su vida tendría la oportunidad de hacerse rico, de lograr una posición importante y de casarse con una mujer muy hermosa.
Ese hombre se pasó la vida esperando que los milagros prometidos llegasen, pero al final murió solo y pobre. Cuando llegó a las puertas del cielo vio al ángel que le había visitado tiempo atrás y protestó:'Me prometiste riqueza, una buena posición social y una bella esposa.¡Me he pasado la vida esperando en vano!'.

'Yo no te hice esa promesa'- replicó el ángel- 'Te prometí la oportunidad de riqueza, una buena posición social y una esposa hermosa'.

El hombre estaba realmente intrigado. 'No entiendo lo que quieres decir', confesó.'
'¿Recuerdas que una vez tuviste la idea de montar un negocio, pero el miedo al fracaso te detuvo y nunca lo pusiste en práctica?'.

'También recordarás', prosiguió el ángel, 'aquella ocasión en que un terremoto asoló la ciudad, derrumbó muchos edificios y miles de personas quedaron atrapadas en ellos. En aquella ocasión tuviste la oportunidad de ayudar a encontrar y rescatar a los sobrevivientes, pero no quisiste dejar tu hogar sólo por miedo a que los muchos saqueadores que había te robasen tus pertenencias.'
'Así que ignoraste la petición de ayuda y te quedaste en casa'.El hombre asintió con vergüenza.'Esa fue tu gran oportunidad de salvarle la vida a cientos de personas, con lo que hubieras ganado el respeto de todos ellos', continuó el ángel.

'Por último, recuerdas aquella hermosa mujer pelirroja, que te atraía tanto? Sin embargo, pensaste que tal mujer no se casaría con alguien como tú y para evitar el rechazo, nunca llegaste a proponérselo'.El hombre volvió a asentir, pero ahora las lágrimas rodaban por sus mejillas.'Sí, amigo mío, ella podría haber sido tu esposa', dijo el ángel. 'Y con ella se te hubiera otorgado la bendición de tener sanos y hermosos hijos y multiplicar la felicidad en tu vida'. 'Tuviste cerca las oportunidades, sólo que las dejaste pasar'

miércoles, 10 de febrero de 2010

LA PREGUNTA POR EL SENTIDO DE LA VIDA




Desafortunados los que nunca saben a dónde llegar, aunque para ellos todos los caminos sean buenos. Existen seres que durante toda su vida viven perdidos y se ven encontrando caminos todos los días, terminando inevitablemente extraviados, viven confundidos y con un sentimiento permanente de frustración, pues no saben qué han logrado en su vida y al final terminan cansados y con una sensación de inutilidad, si no buscamos, lo que alcanzaremos es: NADA

Este vació existencial puede ser provocado específicamente por dos causas: la pérdida del instinto y la pérdida de la tradición. Encontramos que los instintos en el hombre no le indican lo que tiene que hacer, y frecuentemente parece no saber lo que realmente quiere, por lo tanto, vivencia una búsqueda que erróneamente puede encaminarse al "querer únicamente lo que los demás hacen" (conformismo), o "hacer solo lo que los demás quieren" (totalitarismo). Pero las consecuencias del vació existencial no pueden reducirse solo al conformismo y al totalitarismo, hay que tener en cuenta el neuroticismo.

El vacío existencial es definitivamente la neurosis masiva de nuestro tiempo, la encontramos como una forma privada y personal del nihilismo, es decir, es el convencimiento o la aseveración de que el ser carece de significación. ¿Cómo sintetizaría su misión en la vida? ¿Cuál fue el objetivo de haber existido? ¿Qué hereda a las futuras generaciones? ¿En qué le gustaría contribuir para que el mundo sea mejor? ¿Es usted capaz de alcanzar sus ambiciones? .

¿Para Qué el sentido de la vida?

• Para determinar el Valor de la vida a través de su CONTENIDO y NO de su extensión.

• Para que la persona encuentre su fundamento ya que nada de lo que le rodea lo satisface plenamente.

¿Por qué el sentido de la vida?

• Porque la vida o la existencia sin sentido es algo atroz e inhumano, es sencillamente invisible.

• Porque la persona vaciada de su interioridad por una sociedad moderna se convierte en un instrumento de trabajo y pieza de repuesto de una gran máquina que quita las ganas de vivir.

• Porque la existencia humana no puede quedar reducida a la satisfacción de las necesidades materiales .

• Porque la esencia de la persona es absolutamente trascendentalidad ilimitada.

¿Cómo tener sentido de la vida?

• Amando • "Teniendo algún principio", requiere sentir por algo o por alguien.

• Creando • "Realizando una acción", donde el medio para el logro o cumplimiento es obvio.

Asimilando • "Por sufrimiento", implica la percepción del sufrimiento, en los casos de sufrimiento extremo, o condiciones terminales o irreparables, surge como experiencia suprema la aceptación.

 ¿Quiénes necesitan sentido de la vida?

• Aquellos que se abandonan al ritmo acelerado de la vida moderna con el objeto de huir y escapar a esa sensación de vacío interno.

• Aquellos que experimentan la angustia ante la amenaza del destino y de la muerte.

• Aquellos que experimentan la angustia moral ante la culpa y la autocondenación.

Y cuál será finalmente mi misión en la vida?, ¿qué debo realizar en mi existencia?, ¿para qué existo?.
Los objetivos claros y precisos son como la escalera para alcanzarlos y las estrategias nos deben dar la seguridad que tenemos la escalera apoyada en el lugar correcto.

Vitalidad Existencial y Caballero de la Luz

lunes, 1 de febrero de 2010


Actividades de los ángeles


Era una noche muy agradable. Mirábamos por la ventana del restaurante a la interminable hilera de luces del tránsito festivo de de fin de semana que desfilaba por una autopista californiana.
- ¿Dónde está Mateo? --- preguntó mi esposa Julia.
-Fue al baño con David ---dijo Pablo.
Minutos después mi hijo mayor, David, regresó pero en menor, Mateo, de dos años y medio, no vino con él.
Buscamos en el restaurante. Buscamos en el estacionamiento, Después de buscar en un centro comercial cercano comenzamos a sentir desesperación.
Nuestro mayo temor era que hubiese ido a la autopista o a alguna de las congestionadas calles que rodeaban el restaurante.
Buscaba por la pendiente escarpada a la orilla de la autopista cuando lo encontré.
Estaba sentado en la oscuridad, a sólo pocos metros del veloz desfile de autos y camiones.
---Hola, Mateo ---le dije procurando no revelar el pánico en mi voz.
---Hola. Papi ---dijo él---. El hombre me amarró los pies así que me senté.
--- ¿Qué hombre? ---le pregunte.
---Un buen hombre ---dijo Mateo---. Ves, mis pies están bien amarrados.
No podía ver nada en sus pequeños pies, pero él actuaba como si no los pudiese mover. Y en realidad no los podo mover hasta que me incliné y lo tome en mis brazos. “¡Gracias a Dios por sus ángeles!”, grité en la noche.
Julia y yo no debimos de habernos sorprendido. En nuestra adolescencia, ambos tuvimos experiencias personales con ángeles. Julia se encontraba en Zambia un verano, en un esfuerzo evangelístico realizado por juventud Con una Misión.
Ella tenía diecinueve años, hacia poco que se había convertido, y ésa era su primera misión en el extranjero. Sintiéndose angustiada por algunas circunstancias difíciles, esa noche lloró hasta quedarse dormida.
Despertó en medio de la noche sintiéndose refrescada. El Señor abrió sus ojos par ver un ángel guardián, una hermosa criatura vestida de luz. Sus cabellos eran blancos y rizados, y sus ojos luminosos. La habitación estaba llena de paz.
Yo había tenido una experiencia similar el año anterior. En 1971, dejé mi país de origen, Nueva Zelanda, para asistir a una escuela de adiestramiento de Juventud Con Una Misión en Lausana, Suiza. Fue una experiencia que cambió totalmente mi vida. Oradores como Loren Cunningham , El hermano Andrés Y Corrie tan Boom nos inspiraron para que consagráramos nuestra vida a Dios como misioneros. La experiencia más memorable fue oír realmente a Dios hablar en los pequeños grupos de oraciones. Dios llamó a círculos enteros de oración a diferentes países.
En los días que siguieron al final de las clases, mis compañeros estudiantes partieron en equipos a lugares exóticos como Marruecos, Alemania, España y Afganistán, pero yo no podía recibir dirección clara de Dios. Tenía diecinueve años, y quería más que nada en la vida ser misionero, preferiblemente en un lugar como Brasil o Nueva Guinea. Tres días después que terminaron las clases, decidí ir a Alemania por que sabía un poco de alemán, y tenía amigos en el equipo pionero alemán, pero mi espíritu estaba atribulado.
"Querido Dios, muéstrame al país adonde debo ir y te serviré allí el resto de mi vida”, era el clamor de mi corazón mientras oraba durante el día.
A la mañana siguiente desperté con un versículo bíblico firmemente implantado en la mente. Era Ezequiel 3:5. Yo nunca había leído el libro de Ezequiel, de manera que no tenía idea de su contenido. Leí: “Porque no eres enviado a pueblo de hala profunda ni de lenguaje difícil, sino a la casa de Israel.”
Toda esa mañana escuche a Dios. El me habló mediante porciones de la escritura y directamente en mi mente. Para mi sorpresa, me llamó al último lugar que hubiera considerado para el servicio misionero: los Estados Unidos de América.
Estaba tan convencido de esta dirección que hice las maletas y tome los autobuses y trenes locales que iban al oeste a través de Europa hacia los Estados Unidos. Tenía veinticuatro dólares para viajar. Mi joven compañero de viaje, que iba a Inglaterra, tenía apenas un poco más de dinero que yo.
La primera noche paré en una casa de Huéspedes de Darmstadt, Alemania. Me metí en la cama tarde en la noche, pero no podía dormir. Un terrible miedo me invadía el alma. “¿Qué estoy haciendo? He gastado la mitad de mi dinero. Nunca lo lograré. Nadie sabe donde estoy.”  De repente, una persona alta y hermosa estaba de pie junto a mi cama, y la veía claramente a la luz de la luna. “No temas; yo estoy contigo” dijo una voz que me llenó de paz. Entones desapareció. Supe que era un ángel del Señor. El resto de mi viaje a los Estados Unidos estuvo lleno de fe, alegría y milagros. Ese viaje se convirtió en mi experiencia fundamental para probar a Dios, pero esa es otra historia.
Considere la siguiente lista de realidades acerca de los ángeles. He incluido referencias para un estudio más profundo.
Mientras lee y medita en las inferencias, deje que estas verdades penetren profundamente en todo su ser. Ahora mismo, mientras lee esto, usted está en la presencia de ángeles.
1) Hay muchos millones de ángeles (Apocalipsis 5:11).
2) Son seres de espíritus inmortales creados por Dios para representar i guardar sus intereses (Salmos 148:5).
3) los ángeles fueron creados algún tiempo antes de la creación de los seres humanos. (Job 38:7).
4) Los ángeles se pueden manifestar en forma humana, como ocurrió en la historia de Lot y Sodoma, y en otras (Génesis 19; Hechos 10:30).
5) En ocasiones, un ángel se rebela en su plena gloria celestial (Daniel 10:6; Mateo 28:3).
6) Se habla de ellos en el género masculino pero no se casan ni se reproducen (Mateo 22:30; Lucas 20:34-36).
7) diferentes categorías de ángeles representan diferentes funciones y niveles de autoridad, incluyendo tronos, dominios, serafines, querubines, arcángeles y ángeles guardianes (Colosenses 1:16; Judas 9).
8) Los ángeles adoran ante el trono de Dios y le sirven obedientemente
(Salmos 148:2; Hebreos 1:6).
9) Ángeles guardianes son asignados a cada niño en el nacimiento y ministran a esa persona a lo largo de la vida (excepto en el caso en que la persona endurezca su corazón contra Dios y determine hacer el mal) (Mateos 18:10).
10) Los ángeles celebran ante el trono de Dios cada vez que un pecador viene a Dios arrepentido (Lucas 15:10).
11) los ángeles escoltan al paraíso el alma de un creyente en su muerte (Lucas 16:22).
12) Los ángeles registran las acciones buenas y malas de nuestra vida en un libro que se abrirá en el juicio final (Malaquías 3:16; Apocalipsis 20:12).
13) Los ángeles son comisionados para ejecutar el juicio divino sobre personas, ciudades y naciones (Eclesiastés 5:6; Ezequiel 9:1-6;
Salmos 35:4-6; 2 Reyes 19:35; Hechos 12:23).
14) Dios usa a los ángeles para llevar mensajes a la gente
(Zacarías 1:9, 13, 14,19).
15) Los encuentros con los ángeles son generalmente breves y formales, diseñados para realzar nuestra relación con Cristo y no para distraernos de ella (Apocalipsis 22:8,9).
16) La Biblia advierte a la gente en cuanto a no adorar ángeles (Colosenses 2:18; Apocalipsis 19:10).
17) Los ángeles disfrutan ahora de una posición superior a la de los seres humanos, pero finalmente servirán bajo los redimidos en la forma de la esposa de Cristo. La esposa de Cristo está dispuesta al lado de Dios, convirtiéndose en la élite de toda la creación. (Apocalipsis 21:9-14; 2 Timoteo 2:12).
18) Los redimidos juzgarán a los ángeles algún día (1 Corintios 6:3).
19) Los ángeles y los creyentes son aliados en el conflicto para expeler a Satanás de su posición en la atmósfera de la tierra. La oración intercesora incesante atrae más ángeles poderosos para impedir la obra de Satanás Hebreos 1:4; Daniel 10:12-13).
20) La obra de los ángeles es distinta a la del Espíritu Santo. Los ángeles administran los asuntos materiales mientras el Espíritu Santo rebela la mente de Dios. Jesús fue dirigido por el Espíritu, enseñado del Espíritu, y fue lleno con espíritu, pero fue defendido a alimentada por ángeles (Mateo 4:11).
21) Algunos ángeles están asignados a territorios terrenales específicos. La Biblia dice que Israel y sus ciudades están bajo la guardia angelical. En Daniel 12:1, Miguel es representado como el príncipe de Israel.
Dado que Israel es una precursora usada para demostrar la verdad de Dios a toda la tierra, podemos concluir que todas las Naciones y subcultura tienen ángeles guardianes asignados a ellas.
El llamado que Pablo recibió para Macedonia en Hechos 16:9 fue comunicado evidentemente por un ángel operando en ese territorio. Cornelio tuvo una experiencia similar con un ángel en Hechos 10:30.

sábado, 30 de enero de 2010

LA EXPLORACIÒN INTERIOR

La interioridad se descubre como una Tierra prometida, conviene ir a su encuentro. Por otra parte, ella misma se acerca y se dirige hacia el que la busca, ofreciéndose a su mirada. En el itinerario interior, no hay punto de referencia. Creer descubrirlo sería ilusorio. No existe ningún agarradero ni sensible, ni mental, ni voluntario. Nada: dice Juan de la Cruz. La vida interior es más un desprendimiento que una adquisición. La fuente está obstruida, conviene desatascarla.


El viaje interior, un viaje de solitario: En un tal caminar, se avanza a mar abierto: un mar sin orillas que el ojo pueda distinguir. No hay huellas tras de si, no hay camino trazado por delante. Ningún puerto tranquilo para refugiarse, tampoco ancla para fijarse, las amarras se han roto. Se puede sentir el miedo del naufragio. Hay que superarlo, porque toda inquietud te vuelve esclavo. Solamente la libertad, la independencia, la confianza en la gracia provocan la transparencia: la opacidad desaparece y el agua se hace poco a poco translúcida. La descripción de los senderos recorridos por los demás anima. Uno se encuentra con que tiene compañeros de viaje, y poco importa la época en la cual han vivido. De todas maneras, ser retenido por ellos y por su experiencia impediría el seguir su propio camino. El viaje interior es aquel de un navegante solitario. Este se ha entrenado antes de comenzar su periplo aventurero; posee en su barco las rutas de navegación. Pero le es necesario hacer frente a situaciones imprevistas y prevenirse contra los peligros por un simple sentido común y una clara intuición.

domingo, 26 de abril de 2009

¿Conciencia para Existir y Trascender?


Conciencia y centrado
Lo primero que debes comprender es qué significa la conciencia. Vas andando. Eres consciente de muchas cosas: de las tiendas, de la gente que pasa a tu lado, del tráfico, de todo. Eres consciente de muchas cosas, sólo eres inconsciente de una cosa... y esa cosa eres tú. Vas andando por la calle, eres consciente de muchas cosas, ¡y sólo no eres consciente de ti mismo! A esta conciencia de uno mismo, Gurdjieff la llama «recordarse a uno mismo». Dice Gurdjieff: «Constantemente, estés donde estés, recuérdate a ti mismo.»Hagas lo que hagas, por dentro debes seguir haciendo una cosa continuamente: ser consciente de que tú lo estás haciendo. Si estás comiendo, sé consciente de ti mismo. Si estás andando, sé consciente de ti mismo. Si estás escuchando, si estás hablando, sé consciente de ti mismo. Cuando estés irritado, sé consciente de que estás irritado. En el momento mismo en que aparezca la ira, sé consciente de que estás irritado. Este constante acordarse de uno mismo crea en ti una sutil energía, una energía muy sutil. Empiezas a ser un ser cristalizado.Normalmente, no eres más que una bolsa floja. No hay cristalización, no hay verdadero centro... sólo algo líquido, solo una floja combinación de muchas cosas sin ningún centro. Una multitud que cambia se mueve constantemente, sin ningún jefe. La conciencia es lo que te convierte en jefe... y cuando digo jefe no me refiero a un controlador. Cuando digo jefe me refiero a una presencia... una presencia continua. Hagas lo que hagas, y aunque no hagas nada, una cosa debe estar constantemente en tu conciencia: que tú eres.Esta simple sensación de ser uno mismo, de que uno es, crea un centro, un centro de quietud, un centro de silencio, un centro de dominio interior. Es una potencia interior. Y cuando digo «una potencia interior» quiero decir eso al pie de la letra. Por eso los budas hablan del «fuego de la conciencia». Es un fuego. Si empiezas a hacerte consciente, empiezas a sentir en ti una nueva energía, un nuevo fuego, una nueva vida. Y gracias a esta nueva vida, nuevo poder, nueva energía, muchas cosas que te estaban dominando se disuelven. Ya no tienes que luchar con ellas.Tienes que luchar con tu ira, con tu codicia, con tu sexo, porque eres débil. En realidad, la codicia, la ira y el sexo no son los problemas; el problema es la debilidad. En cuanto empiezas a ser más fuerte por dentro, con una sensación de presencia interior -cuando sientes que eres-, tus energías se van concentrando, cristalizan en un punto único y nace un yo. Recuerda, no un ego, sino un yo. El ego es una falsa sensación del yo. Sin tener ningún yo, sigues creyendo que lo tienes... eso es el ego. El ego es un falso yo... no eres un yo, pero aun así crees que eres un yo.Malungputra, un buscador de la verdad, acudió a Buda. Buda le preguntó: -¿Qué andas buscando?-Busco mi yo: Ayudame -dijo Malungputra.Buda le pidió que prometiera hacer todo lo que se le indicara.. Malungputra se echó a llorar y dijo:-¿Cómo voy a prometer nada? No soy. Todavía no soy,- así que ¿cómo puedo prometer? No sé lo que voy a ser mañana. No tengo ningún yo que pueda prometer, así que no me pidas imposibles. Lo intentaré. Eso es lo máximo que puedo decir, que lo intentaré. Pero no puedo decir que haré lo que tú me digas, porque ¿quién va a hacerlo? Lo que busco es eso que puede prometer y cumplir una promesa. Todavía no lo soy.-Malungputra -dijo Buda-, te he pedido eso para oír esto. Si hubieras prometido, te habría rechazado. Si hubieras dicho: «te prometo que lo haré», yo habría sabido que no eres un auténtico buscador de la verdad, porque un buscador debe saber que aún no es. De lo contrario, ¿qué sentido tendría buscar? Si ya eres, no hay necesidad; ¡No eres! Y si uno puede sentir eso, el ego se evapora.El ego es un concepto falso de algo que no está ahí. «YO» significa un centro que pueda prometer. Este centro se crea estando continuamente consciente, constantemente consciente. Sé consciente de que estás haciendo algo... de que estás sentado, de que te vas a dormir, de que te está llegando el sueño, de que estás cayendo. Intenta ser consciente en todo momento, y entonces empezarás a sentir que en tu interior nace un centro. Las cosas han empezado a cristalizar, se están centrando. Ahora todo está relacionado con un centro.No estamos centrados. A veces nos sentimos centrados, pero son momentos en los que una situación nos hace conscientes. Si de pronto se produce una situación muy peligrosa, empezarás a sentir un centro dentro de ti, porque cuando estás en peligro te vuelves consciente. Si alguien va a matarte, en ese momento no puedes pensar; en ese momento no puedes seguir inconsciente. Toda tu energía está centrada, y ese momento se vuelve sólido. No puedes moverte hacia el pasado, no puedes moverte hacia el futuro... este momento concreto se convierte en todo. Y entonces no sólo eres consciente del asesino, sino que te haces consciente de ti mismo, el que va a ser asesinado. En ese sutil momento empiezas a sentir un centro en tu interior.Por eso los deportes peligrosos tienen su atractivo. Pregúntale a alguien que haya subido a la cima del Gourishankar, del monte Everest. Cuando Hillary llegó allí por primera vez, debió de sentir de repente un centro. Y cuando alguien llegó por primera vez a la luna, debió de experimentar una repentina sensación de centro. Por eso el peligro tiene atractivo. Vas conduciendo un coche, cada vez a más velocidad, hasta que la velocidad se convierte en peligrosa. Entonces no puedes pensar; los pensamientos cesan. Entonces no puedes soñar. Entonces no puedes imaginar. Entonces el presente se vuelve sólido. En ese momento peligroso, cuando la muerte es posible a cada instante, te haces súbitamente consciente de un centro en tu interior. El peligro tiene atractivo únicamente porque en algunas situaciones peligrosas te sientes centrado.Nietzsche dijo en alguna parte que la guerra debe continuar porque sólo en la guerra se siente a veces el yo -se siente un centro-, porque la guerra es peligro. Y cuando la muerte se convierte en una realidad, la vida se vuelve intensa. Cuando la muerte anda cerca, la vida se vuelve intensa y tú estás centrado. En cualquier momento, cuando te haces consciente de ti mismo hay un centrado; pero si es una situación lo que lo ha provocado desaparecerá cuando cese la situación.No debe ser algo situacional, debe ser interior. Así pues, procura estar consciente en toda actividad normal. Inténtalo cuando estés sentado en tu butaca: sé consciente del que está sentado. No sólo de la butaca, no sólo de la habitación, de la atmósfera que te rodea... sé consciente del que está sentado. Cierra los ojos y siéntete; profundiza y siéntete.Eugen Herrigel estaba aprendiendo con un maestro zen. Estuvo tres años aprendiendo tiro con arco, y el maestro siempre le decía: «Bien. Lo que haces está bien hecho, pero no es suficiente.» Herrigel se convirtió en un maestro arquero. Su puntería llegó a ser perfecta al cien por cien, y el maestro seguía diciéndole: «Lo haces bien, pero no es suficiente.»-¡Con una puntería cien por cien perfecta! -decía Herrigel-. Pero ¿qué esperas de mí? ¿Cómo puedo mejorar más? Con una puntería cien por cien perfecta, ¿cómo puedes esperar más?Se dice que el maestro zen le respondió:-A mí no me interesa tu pericia con el arco ni tu puntería. Me interesas tú. Te has convertido en un técnico perfecto. Pero cuando tu flecha sale del arco no eres consciente de ti mismo, así que no sirve de nada. No me interesa si la flecha da en el blanco. ¡Me interesas tú! Cuando la flecha sale disparada del arco, también por dentro debe dispararse tu conciencia. Aunque no acertaras en el blanco, no tendría importancia, pero donde no debes fallar es en el blanco interior, y en ese estás fallando. Te has convertido en un técnico perfecto, pero eres un imitador.Pero para una mente occidental o, mejor dicho, para una mente moderna -y la mente occidental es la mente moderna-, es muy difícil concebir esto. Parece un absurdo. En el tiro con arco lo que interesa es la eficiencia de puntería del individuo.Con el tiempo, Herrigel se desanimó y un día dijo:-Lo dejo. Me parece imposible. ¡Es imposible! Cuando apuntas a un blanco, tu conciencia va al blanco, al objeto, y si quieres ser un buen arquero, tienes que olvidarte de ti mismo, recordar sólo el objetivo, el blanco, y olvidarte de todo. Sólo debe existir el blanco.Pero el maestro zen le forzaba continuamente a crear otro blanco en su interior. La flecha debe ser una flecha doble: que apunte hacia el blanco exterior y apunte continuamente al blanco interior... al yo.Herrigel dijo:-Me marcho. Me parece imposible. No puedo cumplir tus condiciones.Y el día de su partida, Herrigel estaba sentado. Había ido a despedirse del maestro, y el maestro estaba apuntando a otro blanco. Había otro aprendiz, y por primera vez Herrigel no estaba implicado; sólo había ido a despedirse y esperaba sentado. En cuanto el maestro terminara su lección, él se despediría y se marcharía. Por primera vez no estaba implicado.Pero entonces, de pronto, se hizo consciente del maestro y de la conciencia de doble flecha del maestro. El maestro estaba apuntando. Durante tres años, Herrigel había estado continuamente con el mismo maestro, pero estaba más interesado en sus propios esfuerzos. No había visto nunca a este hombre, lo que estaba haciendo. Por primera vez vio y comprendió... y de pronto, espontáneamente, sin esfuerzo, se acercó al maestro, le quitó el arco de las manos, apuntó al blanco y disparó la flecha. Y el maestro dijo:-¡Muy bien! por primera vez lo has hecho. Estoy contento. ¿Qué había hecho? Por primera vez se había centrado en sí mismo. El blanco estaba allí, pero también él estaba allí, presente. Así pues, hagas lo que hagas -cualquier cosa, es necesario que tires con arco-, hagas lo que hagas, aunque sea estar sentado, sé dos flechas. Recuerda lo que está pasando fuera y recuerda también quién está dentro.Una mañana, Lin-chi estaba dando una conferencia y de pronto alguien preguntó:-Respóndame una sola pregunta: ¿Quién soy yo?Lin-chi bajó del estrado y se acercó al hombre. Toda la sala guardó silencio. ¿Qué iba a hacer? Era una pregunta bien simple. Podía haberla respondido desde el estrado. Lin-chi llegó hasta el hombre. Toda la sala estaba en silencio. Lin-chi se quedó parado ante el hombre, mirándole a los ojos. Era un momento muy penetrante. Todo se detuvo. El hombre empezó a sudar. Lin-chi no hacía más que mirarle a los ojos. Y entonces, Lin-chi dijo:-No me preguntes. Entra y descubre quién pregunta. Cierra los ojos. No preguntes: «¿Quién soy yo?» Ve adentro y descubre quién ha preguntado, quién es ese preguntador interior. Olvídate de mí. Encuentra la fuente de la pregunta. ¡Penetra hasta el fondo!Y se dice que el hombre cerró los ojos, guardó silencio y de pronto se iluminó. Abrió los ojos, se echó a reír, tocó los pies de Lin chi y dijo:-Me has respondido. Les he hecho esta pregunta a muchos y me han dado muchas respuestas, pero ninguna era una auténtica respuesta. Pero tú me has respondido.«¿Quién soy yo?» ¿Cómo se puede responder a esa pregunta? Pero en esta situación particular -mil personas calladas, un silencio en el que se habría oído la caída de un alfiler-, Lin-chi bajó con ojos penetrantes y simplemente le ordenó al hombre: «Cierra los ojos, entra y descubre quién pregunta. No esperes que yo te responda. Descubre quién ha preguntado.» Y el hombre cerró los ojos. ¿Qué ocurrió en esa situación? Se centró De pronto estaba centrado, de pronto se hizo consciente del núcleo más interior.Esto hay que descubrirlo, y hacerse consciente es el método para descubrir este núcleo interior. Cuanto más inconsciente estés, más alejado estás de ti mismo. Cuanto más consciente, más te acercas a ti. Si la conciencia es total, estás en el centro. Si hay menos conciencia, estás cerca de la periferia. Cuando estás inconsciente, estás en la periferia, donde el centro está completamente olvidado. Así pues, estas son las dos maneras posibles de moverse. Puedes moverte hacia la periferia, y entonces te mueves hacia la inconsciencia. Te sientas a ver una película, te sientas en alguna parte a escuchar música, y te olvidas de ti mismo. Entonces estás en la periferia. Leyendo el Bhagavad Gita o la Biblia o el Corán, te puedes olvidar de ti mismo... entonces estás en la periferia.Hagas lo que hagas, si puedes recordarte a ti mismo, estás más cerca del centro. Y un buen día, de pronto, te encuentras centrado. Entonces tienes energía. Esa energía es el fuego. Toda la vida, toda la existencia, es energía, es fuego. Fuego es el nombre antiguo; ahora lo llaman electricidad. El hombre le ha aplicado muchos, muchos nombres, pero «fuego» está bien. La electricidad parece un poquito muerta; el fuego parece más vivo.Actúa con mucho cuidado. Es un viaje largo y dificultoso, y se hace difícil mantenerse consciente aunque sólo sea un momento; la mente está parpadeando constantemente. Pero no es imposible. Es arduo difícil, pero no es imposible. Es posible... es posible para todos. Sólo se necesita esfuerzo, y tiene que ser un esfuerzo sincero. No hay que hacer excepciones; no hay que dejar sin tocar nada del interior. Todo debe ser sacrificado a la conciencia, sólo entonces descubrirás la llama interior. Está ahí.Si uno se pone a buscar la unidad esencial entre todas las religiones que han existido o puedan llegar a existir, encontrará esta única palabra: conciencia.Jesús cuenta una parábola. El dueño de una gran mansión se marcha y les dice a sus sirvientes que estén en constante alerta, porque puede volver en cualquier momento. O sea, que tienen que estar alerta veinticuatro horas al día. El señor puede llegar en cualquier momento... ¡en cualquier momento! No hay un momento prefijado, un día fijo, una fecha fija. Si hubiera una fecha fija, podrías echarte a dormir; después podrías hacer lo que quisieras, y estar alerta sólo en esa fecha determinada, porque el señor va a llegar. Pero el señor ha dicho: «Volveré en cualquier momento. Tenéis que estar alerta día y noche para recibirme.» "Es una parábola de la vida. No puedes aplazarlo; el señor puede llegar en cualquier momento. Hay que estar alerta continuamente. No hay fecha fija; no se sabe nada sobre cuándo llegará el momento. Sólo se puede hacer una cosa: estar alerta y esperar.Adquirir conciencia es la técnica para centrarse, para alcanzar el fuego interior. Está ahí, oculto; se puede encontrar. Y una vez que se encuentra, sólo entonces, somos capaces de entrar en el templo. No antes, nunca antes.Pero podemos engañamos a nosotros mismos con símbolos. Los símbolos sirven para indicamos realidades más profundas, pero también podemos usarlos como engaños. Podemos quemar incienso, podemos realizar cultos con cosas exteriores, y después nos sentimos satisfechos por haber hecho algo. Nos sentimos religiosos sin habernos vuelto religiosos en modo alguno. Esto es lo que está ocurriendo; en eso se ha convertido el mundo. Todo el mundo cree ser religioso sólo porque está siguiendo símbolos exteriores, sin fuego interno.Esfuérzate por mucho que fracases. Estás empezando. Fracasarás una y otra vez, pero hasta los fracasos te servirán de ayuda. Cuando dejas de ser consciente, aunque haya sido un momento, sientes por primera vez lo inconsciente que estás.Vas andando por la calle y no puedes dar más que unos cuantos pasos sin volver a la inconsciencia. Una y otra vez te olvidas de ti mismo. Te pones a leer un cartel y te olvidas de ti mismo. Pasa alguien, lo miras y te olvidas de ti mismo. Tus fracasos te ayudarán. Pueden demostrarte lo inconsciente que estás. Y con el mero hecho de hacerte consciente de que estás inconsciente, has ganado una cierta conciencia. Si un loco se da cuenta de que está loco, está en camino hacia la cordura.

martes, 10 de febrero de 2009

¡DESPIERTA!
¡LA FELICIDAD ERES TÚ!

Despertarse es la espiritualidad, porque sólo despiertos podemos entrar en la verdad y descubrir qué lazos nos impiden la libertad. Esto es la iluminación. Es como la salida del Sol sobre la noche, de la luz sobre la oscuridad. Es la alegría que se descubre a sí misma, desnuda de toda forma. Esto es la iluminación. El místico es el hombre iluminado, el que todo lo ve con claridad, porque está despierto.
No quiero que os creáis lo que os digo porque yo lo digo, sino que cuestionéis cada palabra y analicéis su significado y lo que os dice en vuestra vida personal; pero con sinceridad, sin autoengañaros por comodidad o por miedos.
Lo importante es el Evangelio, no la persona que lo predica ni sus formas. No la interpretación que se le ha dado siempre o la que le da éste o aquél, por muy canonizado que esté. Eres tú el que tiene que interpretar el mensaje personal que encierra para ti, en el ahora. No te importe lo que la religión o la sociedad prediquen.
La sociedad sólo canoniza a los que se conforman con ella. En el tiempo de Jesús y ahora. A Jesús no pudieron canonizarlo y por ello lo asesinaron. ¿Quiénes creéis que lo mataron? ¿Los malos? No. A Jesús lo asesinaron los buenos de turno, los más respetados y creídos en aquella sociedad. A Jesús lo mataron los escribas, los fariseos y sacerdotes; y si no andas con cuidado, asesinarás a Jesús mientras vives dormido.

Despertarse es la espiritualidad, porque sólo despiertos podemos entrar en la verdad y la libertad.

Estás dormido
¿Y cómo sabré si estoy dormido? Jesús os lo dice en el Evangelio: “¿Por qué decís Señor, Señor, si no hacéis lo que os digo?” Si no hacemos lo que Dios quiere y nos dedicamos a fabricarnos un Dios “tapa agujeros”, es que estamos dormidos. Lo que importa es responder a Dios con el corazón. No importa ser ateo, musulmán o católico; lo importante es la circuncisión y el bautismo del corazón. El estar despierto es cambiar tu corazón de piedra por uno que no se cierre a la verdad.
Si estás doliéndote de tu pasado, es que estás dormido. Lo importante es levantarse para no volver a caer. La solución está en tu capacidad de comprensión y de ver otra cosa que lo que te permites ver. Ver lo que hay detrás de las cosas. Cuando se te abran los ojos, verás cómo todo cambia, que el pasado está muerto y el que se duerme en el pasado está muerto, porque sólo el presente es vivo si tú estás despierto en él.
Metanoia quiere decir despertarse y no perderse la vida. Es vivenciar el pre­sente. Para saber esto hay un criterio: ¿Tú sufres? Es que estás dormido. Es igual que sepas muchas cosas y te de­diques a salvar a las personas. "El cie­go que guía a otro ciego" quiere decir que los dos están dormidos. Si sufres es que estás dormido. Me dirás que el dolor existe. Sí, es verdad que el dolor existe, pero no el sufrimiento. El sufri­miento no es real, sino una obra de tu mente. Si sufres es que estás dormido porque, en sí, el sufrimiento no existe, es un producto de tu sueño; y si estás dormido, verás a un Jesús dormido, que tú te has imaginado, que nada tiene que ver con el Jesús real, y eso puede ser muy peligroso.
Calderón dice: "Todo es según el co­lor del cristal con que se mira." Si es­tás dormido no serás capaz de ver más que cosas dormidas, y no te darás cuen­ta hasta que despiertes. Pasará la vida por ti sin que tú la vivas.
Si tienes problemas es que estás dor­mido. La vida no es problemática. Es el yo (la mente humana) el que crea los problemas. A ver si eres capaz de com­prender que el sufrimiento no está en la realidad, sino en ti. Por eso, en todas las religiones, se ha predicado que hay que morir al yo para volver a nacer. Éste es el verdadero bautismo que hace surgir al hombre nuevo. La realidad no hace problemas, los problemas nacen de la mente cuando estás dormido. Tú pones los problemas.
Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, no como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación.

Despierta
¿Se puede decir que en estos últi­mos días no te has sentido como un hombre libre y feliz, sin problemas ni preocupaciones? ¿No te has sentido así? Pues estás dormido. ¿Qué ocu­rre cuando estás despierto? No cambia nada, todo ocurre igual, pero tú eres el que ha cambiado para entrar en la realidad. Entonces lo ves todo claro.
Le preguntaron a un maestro orien­tal sus discípulos: "¿Qué te ha pro­porcionado la iluminación?" Y con­testó: "Primero tenía depresión y aho­ra sigo con la misma depresión, pero la diferencia está en que ahora no me molesta la depresión."
Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, ni como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación. Aceptarlo todo porque lo ves claro y ya nada ni nadie te puede engañar. Es desper­tar a la luz. El dolor existe, y el sufri­miento sólo surge cuando te resistes al dolor. Si tú aceptas el dolor, el sufrimiento no existe. El dolor no es inaguantable, porque tiene un sentido comprensible en donde se remansa. Lo inaguantable es te­ner el cuerpo aquí y la mente en el pasa­do o en el futuro.
Lo insoportable es querer distorsio­nar la realidad, que es inamovible. Eso sí que es insoportable. Es una lucha in­útil como es inútil su resultado: el su­frimiento. No se puede luchar por lo que no existe.
No hay que buscar la felicidad en donde no está, ni tomar la vida por lo que no es vida, porque entonces estaremos creando un sufrimiento que sólo es el resultado de nuestra ceguera y, con él, el desasosiego, la congoja, el mie­do, la inseguridad... Nada de esto exis­te sino en nuestra mente dormida. Cuando despertemos, se acabó.

Importa la vida
El ir contra la realidad, haciendo problemas de las cosas, es creer que tú importas, y lo cierto es que tú, como personaje individual, no importas nada. Ni tú, ni tus decisiones ni acciones im­portan en el desarrollo de la vida; es la vida la que importa y ella sigue su cur­so. Sólo cuando comprendes esto y te acoplas a la unidad, tu vida cobra sen­tido. Y esto queda muy claro en el Evangelio. ¿Importaron todas las trans­gresiones y desobediencias para la his­toria de la salvación? ¿Importa si yo asesino a un hombre? ¿Importó el que asesinaran a Jesucristo? Los que lo ase­sinaron creían estar haciendo un acto bueno, de justicia, y lo hicieron después de mucho discernimiento.
Jesús era portador de la luz y por ello predicaba las cosas más raras y contra­rias al judaísmo, a sus creencias e in­terpretaciones religiosas: hablaba con las mujeres, comía con los ladrones y prostitutas. Pero, además, interpretaba la Ley en profundidad, saltándose las reglas y sus formas. Los sabios y los poderosos tenían que eliminarlo. ¿Po­día ser de otra manera? Era necesario que muriera así, asesinado y no enfer­mo de vejez.
Cuentan que un rey godo se emocio­nó al oír el relato de Jesús y dijo: "¡De estar yo allí, no lo hubieran matado!"
¿Lo creemos así, como ese rey godo? Dormimos.
La muerte de Jesús descubre la rea­lidad en una sociedad que está dormi­da y, por ello, su muerte es la luz. Es el grito para que despertemos.

No te ates
¿Qué hace falta para despertarse? No hace falta esfuerzo ni juventud ni dis­currir mucho. Sólo hace falta una cosa, la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo desconocido. Es la capa­cidad de movernos fuera de los esque­mas que tenemos. Ser capaz de saltar sobre los esquemas y mirar con ojos nuevos la realidad que no cambia.
El que piensa como marxista, no piensa; el que piensa como budista, no piensa; el que piensa como musulmán, no piensa... y el que piensa como católico, tampoco piensa. Ellos son pensados por su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología. Vives dormido y pensado por una idea. El profeta no se deja lle­var por ninguna ideología, y por ello es tan mal recibido. El profeta es el pionero, que se atreve a elevarse por encima de los esquemas, abriendo camino.
La Buena Nueva fue rechazada por­que no querían la liberación personal, sino un caudillo que los guiase. Tememos el riesgo de volar por noso­tros mismos. Tenemos miedo a la li­bertad, a la soledad, y preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos ata­mos voluntariamente, llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos queja­mos de no ser libres. ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres cons­ciente de tus cadenas?
Las mujeres se atan a sus maridos, a sus hijos. Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos nos atamos a los deseos y nuestro argumento y justifi­cación es el amor. ¿Qué amor? La rea­lidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un amor adulterado y raquítico que sólo abarca el yo, el ego. Ni siquiera somos capaces de amarnos a nosotros mismos en libertad. Entonces, ¿cómo vamos a saber amar a los demás, aunque sean nuestros es­posos o nuestros hijos? Nos hemos acostumbrado a la cárcel de lo viejo y preferimos dormir para no descubrir la libertad que supone lo nuevo.

Lo peor y más peligroso del que duerme es creer que está despierto y confundir sus sueños con la realidad.

No confundas los sueños
Vosotros estáis dormidos porque, si no, ya no necesitarías venir a este cur­so. Si ya lo vierais todo con ojos nue­vos, ya no necesitaríais venir a desper­taros. Pero, si sois capaces de recono­ceros dormidos, ser conscientes de que no estáis despiertos, ya es un paso. Pues lo peor y más peligroso del que duer­me es creer que está despierto y con­fundir sus sueños con la realidad. Lo primero que necesitáis para despertar, es saber que estáis durmiendo y estáis soñando.
La religión es una cosa buena en sí, pero en manos de gente dormida pue­de hacer mucho daño. Y lo podemos ver muy claramente por la historia de una religión que, en el nombre de Dios, cometió tantas barbaridades creyendo que hacía el bien. Si no sabes emplear la religión en esencia, en libertad, sin fanatismos ni ideologías de un color u otro, puedes hacer mucho daño y, de hecho, se sigue haciendo.
Para despertar hay que estar dispues­to a escucharlo todo, más allá de los cartelitos de buenos y malos, con receptividad, que no quiere decir credu­lidad. Hay que cuestionarlo todo, aten­tos a descubrir las verdades que puede haber, separándolas de las que no lo son. Si nos identificamos con las teo­rías sin cuestionarlas con la razón -y sobre todo con la vida- y nos las tra­gamos almacenándolas en la mente, es que seguimos dormidos. No has sabi­do asimilar esas verdades para hacer tus propios criterios. Hay que ver las ver­dades, analizarlas y ponerlas a prueba, una vez cuestionadas.
"Haced lo que os digo", dice Jesús. Pero no podremos hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nue­vo, despierto, libre, que ya puede amar.
"Aunque diera todo a los pobres, y mi cuerpo a las llamas -dice Pablo­, ¿de qué me serviría si no amo?" Este modo de ver de Pablo se consigue vi­viendo, y este modo de ser nace de es­tar despierto, disponible y sin engaños.
Cuando la relación entre amigos no funciona lo bien que tú quisieras, pue­des aliviarla. Puedes pararte y comen­zar una tregua, pero si no has puesto al aire las premisas que están debajo, el problema sigue en pie, y seguirá gene­rando sentimientos negativos.

¡Qué lío!
Mi vida es un lío. ¿Soy capaz de re­conocerlo? Necesito tener receptividad. ¿Estoy dispuesto a reconocer que el su­frimiento y la congoja los fabrico yo mismo? Si eres capaz de darte cuenta, es que comienzas a despertarte.
Ordinariamente, buscamos alivio y no curación. Cuando sufres, ¿estás dis­puesto a separarte de ese sufrimiento lo necesario para analizarlo y descubrir el origen que está detrás? Es preferible dejar que sufras un poco más, hasta que te hartes y estés dispuesto a ver. O des­piertas tú, o la vida te despertará.
Las componendas y alivios son manejos comerciales del buen comportamiento que te ha metido en la mente tu sentido de buena educación. Si los miras, bien despierto, descubri­rás que no son más que utilización, co­mercio de toma y daca y chantaje, más hipocresía. Cuando ves esto, ¿quieres quitarte el cáncer, o tomar un analgésico para no sufrir? Cuando la gente se harta de sufrir es un buen momento para despertar.
Buda dice: "El mundo está lleno de dolor, que genera sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el deseo. Si quieres arrancarte esa clase de dolor, tendrás que arrancarte el deseo."
¿El deseo es cosa buena? Es una cuestión de lenguaje, pues la palabra "deseo", en español, abarca deseos buenos, que son estímulos de acción, y deseos estériles, que a nada condu­cen. A estos deseos, para entendernos, vamos a llamarlos apegos.
La base del sufrimiento es el ape­go, el deseo. En cuanto deseas una cosa compulsivamente y pones todas tus ansias de felicidad en ella, te ex­pones a la desilusión de no conseguir­la. De no haber deseado tanto que tu amigo te acoja, te contemple y te ten­ga en cuenta; de no desearlo tanto, no te importaría su indiferencia ni su re­chazo. Donde no hay deseo-apego, no hay miedo, porque el miedo es la cara opuesta del deseo, insepa­rable de él.
Sin esta clase de deseos, nadie te puede intimidar, ni nadie te puede con­trolar o robar, porque, si no tienes deseos, no tienes miedo a que te quiten nada.

No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerables.

El amor no duerme
Donde hay amor no hay deseos. Y por eso no existe ningún miedo. Si amas de verdad a tu amigo, tendrías que poder decirle sinceramente: "Así, sin los cristales de los deseos, te veo como eres, y no como yo desearía que fue­ses, y así te quiero ya, sin miedo a que te escapes, a que me faltes, a que no me quieras." Porque en realidad, ¿qué deseas? ¿Amar a esa persona tal cual es, o a una imagen que no existe? En cuanto puedas desprenderte de esos deseos-apegos, podrás amar; a lo otro no se lo debe llamar amor, pues es todo lo contrario de lo que el amor significa.
El enamorarse tampoco es amor, sino desear para ti una imagen que te imaginas de una persona. Todo es un sueño, porque esa persona no existe. Por eso, en cuanto conoces la reali­dad de esa persona, como no coincide con lo que tú te imaginabas, te des­enamoras. La esencia de todo enamo­ramiento son los deseos. Deseos que generan celos y sufrimiento porque, al no estar asentados en la realidad, viven en la inseguridad, en la descon­fianza, en el miedo a que todos los sueños se acaben, se vengan abajo.
El enamoramiento proporciona cier­ta emoción y exaltación que gusta a las personas con una inseguridad afectiva y que alimentan una sociedad y una cultura que hacen de ello un comercio. Cuando estás enamorado no te atreves a decir toda la verdad por miedo a que el otro se desilusione porque, en el fon­do, sabes que el enamoramiento sólo se alimenta de ilusiones e imágenes idealizadas.
El enamoramiento supone una ma­nipulación de la verdad y de la otra per­sona para que sienta y desee lo mismo que tú y así poder poseerla como un objeto, sin miedo a que te falle. El ena­moramiento no es más que una enfer­medad y una droga del que, por su in­seguridad, no está capacitado para amar libre y gozosamente.
La gente insegura no desea la felicidad de verdad; porque teme el riesgo de la libertad y, por ello, prefiere la dro­ga de los deseos. Con los deseos vie­nen el miedo, la ansiedad, las tensio­nes y..., por descontado, la desilusión y el sufrimiento continuos. Vas de la exaltación al desespero.
¿Cuánto dura el placer de creer que has conseguido lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un encan­to, pero va prendido irremediable­mente al miedo a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza. La misma alegría y exalta­ción de cuando llega el amigo, es pro­porcional al miedo y al dolor de cuan­do se marcha... o cuando lo esperas y no viene... ¿Vale la pena? Donde hay miedo no hay amor, y podéis es­tar bien seguros de ello.
Cuando despertamos de nuestro sue­ño y vemos la realidad tal cual es, nues­tra inseguridad termina y desaparecen los miedos, porque la realidad es y nada la cambia. Entonces puedo decirle al otro: "Como no tengo miedo a perderte, pues no eres un objeto de propiedad de nadie, entonces puedo amarte así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos ni querer poseerte." Y esta forma de amar es un gozo sin límites.
¿Qué haces cuando escuchas una sinfonía? Escuchas cada nota, te delei­tas en ella y la dejas pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su discurrir está la armonía, siempre renovada y siempre fresca. Pues, en el amor, es igual. En cuanto te agarras a la permanencia destruyes toda la belleza del amor. No hay pare­ja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. El apego mu­tuo, el control, las promesas y el deseo, te conducen inexorablemente a los con­flictos y al sufrimiento y, de ahí, a cor­to o largo plazo, a la ruptura. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerable.

Disparar gratuitamente
Hay dos tipos de deseos o de de­pendencias: el deseo de cuyo cumpli­miento depende mi felicidad y el deseo de cuyo cumplimiento no depen­de mi felicidad.
El primero es una esclavitud, una cárcel, pues hago depender de su cumplimiento, o no, mi felicidad o mi sufrimiento. El segundo deja abierta otra alternativa: si se cumple me ale­gro y, si no, busco otras compensaciones. Este deseo te deja más o me­nos satisfecho, pero no te lo juegas todo a una carta.
Pero existe una tercera opción, hay otra manera de vivir los deseos: como estímulos para la sorpresa, como un juego en el que lo que más importa no es ganar o perder, sino jugar.
Hay un proverbio oriental que dice: "Cuando el arquero dispara gratuita­mente, tiene con él toda su habilidad." Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya está algo nervio­so. Cuando dispara para ganar una me­dalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco, sino dos. Su habilidad no ha cambiado pero el premio lo divide, pues el deseo de ganar le quita la alegría y el disfrute de disparar. Quedan apegadas allí, en su habilidad, las energías que necesitaría libres para disparar. El deseo del triun­fo y el resultado para conseguir el pre­mio se han convertido en enemigos que le roban la visión, la armonía y el goce.
El deseo marca siempre una depen­dencia. Todos dependemos, en cierto sentido, de alguien (el panadero, el le­chero, el agricultor, etc., que son necesarios para nuestra organización). Pero depender de otra persona para tu pro­pia felicidad es, además de nefasto para ti, un peligro, pues estás afirmando algo contrario a la vida y a la realidad.
Por tanto, el tener una dependencia de otra persona para estar alegre o tris­te es ir contra la corriente de la reali­dad, pues la felicidad y la alegría no pueden venirme de fuera, ya que están dentro de mí. Sólo yo puedo actualizar las potencias de amor y felicidad que están dentro de mí y sólo lo que yo con­siga expresar, desde esa realidad mía, me puede hacer feliz, pues lo que me venga desde afuera podrá estimularme más o menos, pero es incapaz de dar­me ni una pizca de felicidad.
Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi amigo, y es mi melo­día la que me hace feliz; y cuando mi amigo se va me quedo lleno con su música, y no se agotan las melodías, pues con cada persona suena otra me­lodía distinta que también me hace fe­liz y enriquece mi armonía. Puedo te­ner una melodía o más, que me agra­den en particular, pero no me agarro a ellas, sino que me agradan cuando es­tán conmigo y cuando no están, pues no tengo la enfermedad de la nostalgia, sino que estoy tan feliz que no añoro nada. La verdad es que yo no puedo echarte de menos porque estoy lleno de ti. Si te echase de menos sería recono­cer que al marcharte te quedaste fuera. ¡Pobre de mí, si cada vez que una per­sona amada se va, mi orquesta deja de sonar!
Cuando te quiero, te quiero inde­pendiente de mí, y no enamorado de mí, sino enamorado de la vida. No se puede caminar cuando se lleva a al­guien agarrado. Se dice que tenemos necesidades emocionales: ser querido, apreciado, pertenecer a otro, que se nos desee. No es verdad. Esto, cuando se siente esa necesidad, es una enfermedad que viene de la inse­guridad afectiva.
Tanto la enfermedad, necesidad de sentirme querido, como la medicina que se ansía, el amor recibido, están basados en premisas falsas. Necesida­des emocionales para conseguir la fe­licidad en el exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el amor y la felici­dad en ti mismo. Sólo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser real­mente feliz, sin agarraderas ni deseos, puesto que tienes en ti todos los ele­mentos para ser feliz.
La respuesta de amor del exterior agrada y estimula, pero no te da más felicidad de la que tú dispones, pues tú eres toda la felicidad que seas capaz de desarrollar. Dios es la Verdad, la Feli­cidad y la Realidad, y Él es la Fuente, dispuesta siempre para llenarnos en la medida que, libremente, nos abramos a Él.

Tú ya eres felicidad
Despertarse es la única experiencia que vale la pena. Abrir bien los ojos para ver que la infelicidad no viene de la realidad, sino de los deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la reali­dad. Eso sólo se consigue mantenién­dote despierto y llamando a las cosas por su nombre.
Tú ya eres felicidad, eres la felici­dad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido. Te escondes detrás de las fantasías, de las ilusiones y también de las miserias de las que te avergüen­zas. Nos han programado para ser feli­ces o infelices (según aprieten el botón de la alabanza o de la crítica), y esto es lo que te tiene confundido. Has de dar­te cuenta de esto, salir de la programa­ción y llamar a cada cosa por su nombre.
Si te empeñas en no despertar, nada se puede hacer. "No te puedes empe­ñar en hacer cantar a un cerdo, pues perderás tu tiempo y el cerdo se irrita­rá." Ya sabes que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Si no quieres oír para despertar, seguirás programado, y la gente dormida y programada es la más fácil de controlar por la sociedad.

Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi amigo, y es mi melodía la que me hace feliz; y cuando mi amigo se va me quedo lleno de su música.
tomado del libro de antony de melo

miércoles, 30 de julio de 2008

Conocete,aceptate y superate



Formación de la madurez
Conócete, acéptate, supérate

No basta el deseo de ser un cristiano maduro. Para que la opción sea verdadera, se requiere un esfuerzo real para vivir conforme a lo que se ha determinado. Los dibujos del arquitecto nunca serán un edificio hasta que alguien se ponga a trabajar para construirlo. Vivir según la voluntad de Dios implica la decisión de formarse de acuerdo «al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13), es decir, «revestirse del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad verdaderas» (Ef 4, 24).Esta decisión de formarse es imprescindible. Cimentado sobre ella el hombre puede ordenar cada hora y cada minuto de su vida hacia su fin último. No tomar esta decisión es servir a dos señores y formarse en un personalidad dividida y doble, en cuanto que se ha hecho una opción por Dios, pero no se busca concretarla con hechos. Cuanto más sólida es la opción fundamental, más sólida es la decisión de formarse bien. Formarse no sólo en algunos aspectos, sino en una formación integral que abarque todo el hombre en todos los momentos de su vida.En dicha formación es sumamente importante la armonización e integración de los diversos aspectos de la personalidad. Desarrollar algunas partes de la persona y despreciar otras puede dar como resultado una personalidad excéntrica, encerrada dentro de una órbita pequeña de la cual es difícil o imposible salir, si no peligroso. De hecho, es fácil encontrarse tales personas en la vida: podemos pensar en aquellos que se han dedicado tanto al trabajo intelectual que se les hace imposible tener relaciones normales con los demás seres humanos o en los que se dedican tanto al culto del cuerpo que acaban convirtiendo la presen-cia física en el único criterio que guía su existencia. Para evitar estos escollos, nuestro ideal es el desarrollo íntegro, armónico y jerárquico de todas las facultades.Aunque ya queda dicho, es importante repetir que el motivo de este esfuerzo es el amor a Cristo. No hay otro motivo. Dios nos amó y sigue amándonos en todos los momentos de nuestra vida; por nuestra parte, respondamos a este amor con lo mejor de nosotros mismos, tratando de realizar con plenitud el plan del amado sobre nuestras propias vidas; no podemos escatimar ningún sacrificio con tal de corresponder a su amor infinito. Muy bien, hay que formarse, ¿pero a dónde acudir para empezar a formar una personalidad madura? No hay una respuesta válida para todos ya que cada uno se encuentra en una situación particular. Lo que vale para un estudiante universitario no siempre valdrá para un político casado. Pero hay unos principios fundamentales en este trabajo de formación que tienen aplicación universal. Partimos de ellos. Podemos decir que el primer paso en la tarea de la formación de una personalidad madura se encuentra en aquella triada, «conócete, acéptate, supérate». Es lo mismo que preguntarse, en cualquier proyecto de formación, después de conocer la meta: ¿Con qué medios cuento para llegar a mi meta? (en el caso que nos ocupa el medio no es otro que nosotros mismos). Luego, con tranquilidad y serenidad, hay que aceptar los que se tengan, siempre con la intención de sacar lo mejor de ellos para superarse a sí mismo.ConóceteEl que quiere formarse bien según un ideal elegido tiene que prestar una atención cuidadosa y tenaz para conocerse a sí mismo a fondo. La adquisición de la fisonomía de Cristo es la meta. El punto de partida o la base de construcción es la propia personalidad sobre la cual el Espíritu Santo edificará el hombre maduro. Esto requiere una labor seria de examen para conocer las cualidades y defectos de esta personalidad. Conocerse significa tener una visión integral de sí mismo que abarca todas las facultades enfatizando sobre todo el conocimiento del propio temperamento, la emotividad, el grado de actividad, la resonancia y capacidad de reflexión. ¿Soy muy emotivo? ¿Me alegro o me pongo triste fácilmente? ¿Me gusta la actividad, hacer cosas, o soy más bien el que siempre dice, «tranquilo, hay tiempo»? ¿Suelo reflexionar o muchas veces por falta de reflexión digo cosas que no quería decir? Éstas son preguntas que pueden ayudar a conocerse mejor. Conocerse significa también adquirir un conocimiento de la propia sensibilidad humana y espiritual, de la capacidad intelectual, las virtudes y vicios morales, la rectitud de la conciencia y la reciedumbre de la voluntad.Está claro que los temperamentos son diversos, por eso cada uno lleva su bagaje de cualidades o defectos y de valores por descubrir. Hay que conocerlos, no sólo a través de una reflexión serena, sino también con la ayuda de los demás, escuchando con objetividad lo que dicen. Ciertamente este conocimiento no se logra en un día ni en un año. Es preciso formar, entonces, el hábito del autoanálisis y la apertura a las sugerencias y ayudas de los demás, aunque a veces no sean muy agradables.AcéptatePara algunos el trabajo de introspección tiene el peligro de conducirles a un encerramiento en sí mismos y al desánimo. Naturalmente, hay que evitar esto. Siempre la reflexión y la introspección revelan defectos hasta entonces desconocidos, pero también descubren cualidades y posibilidades de superación. La actitud que se debe adoptar no puede ser sino la de serena aceptación. Es importante recordar lo que dijimos en el primer capítulo, nuestro ser no es una carga pesada o un castigo sino un fruto del amor infinito y bondadoso de Dios. El temperamento que una persona posee es un don de Dios, que bien encauzado será una fuente de riqueza. Aun cuando este temperamento tenga muchos defectos, se debe recordar que la redención obtenida por Cristo, la vida de gracia y la presencia del Espíritu Santo en el alma son todos medios que Dios nos concede para nuestra superación. A nosotros nos toca saber aprovecharlos.SupérateLa aceptación de sí mismo, que no es resignación derrotista ni conformismo egoísta, debe llevar al hombre a la decisión profunda y permanente de superarse. Esto se hace tomando una actitud responsable y conquistadora ante la vida; una disposi- ción positiva que lleva a la persona a vivir, no según los sentimientos y las circunstancias pasajeras, ni mucho menos según la opinión de los demás, sino de cara a Dios, tomando los diversos momentos de la vida como lo que son: respuestas al amor de Dios. Éste es el verdadero sentido de la responsabilidad: querer guiar la propia vida, en todos sus detalles, según los preceptos de aquél en quien se tiene puesta la confianza (cf. 2Tm 1, 12). Es este tipo de hombre al que se llama coherente, sincero, leal; en una palabra, auténtico. La presencia de los demás, no es el factor determinante de su obrar sino el amor a Dios mismo. El hombre maduro integral vive todos los acontecimientos desde el punto de vista de su fe en Dios, por eso sabe apreciar las cosas más sencillas de su vida.Un punto importante es el que se refiere al espíritu positivo, es decir, el objetivo del esfuerzo no es superar un defecto, sino amar más y adquirir perfección en la virtud. De esta manera, cuando surge una dificultad, como puede ser por ejemplo, ejercitar la paciencia en una situación tensa, la actitud no debe ser "malum vitandum" solamente, sino "bonum facendum": se trata de hacer el bien, no de evitar el mal solamente. Ésta es la diferencia entre un hombre con un espíritu de conquista y un conformista. El que ama de verdad busca ocasiones para amar. Esta actitud es muy diferente a la del siervo que vive como prisionero de una serie de obligaciones que no entiende ni quiere, pero las cumple.Hasta ahora hemos hablado de la parte humana de este trabajo. No hemos de olvidar que el trabajo de identificación con Cristo sobrepasa completamente nuestras posibilidades humanas. Necesitamos la ayuda de Dios. La tenemos en el Espíritu Santo que Cristo nos prometió en la última cena (cf. Jn 14, 26). Él, como guía y artífice, con la acción de la gracia nos va transformando e iluminando en nuestro trabajo. En la medida en que nos prestemos a la acción divina, nos acercaremos más a nuestro divino modelo, Jesucristo. Seremos más maduros como cristianos cuanto más unamos nuestros esfuerzos a la acción de la gracia. Puesto que la conciencia es el centro de la persona y guía de su obrar natural, esfuércense activamente por formarla recta y madura, temerosa de Dios, abierta siempre al bien y a las inspiraciones del Espíritu Santo, capaz de discernir lo bueno del mal y de la mentira y eviten la insinceridad y la inautenticidad, tan contrarias al espíritu de Cristo.